SOMOS LO QUE PENSAMOS
Hoy día es indiscutible la
relación estrecha y dependiente que existe entre nuestra psique, emociones,
conductas y la salud física. Se influyen y afectan de forma bidireccional.
Situaciones como el dolor crónico, la falta de trabajo, una ruptura
sentimental, hacer cola en el banco o el mismo tráfico generan en nosotros
pensamientos negativos, incluso catastróficos: “Estoy harto, no puedo más”,
“Este dolor me limita y no puedo hacer nada, se me quitan hasta las ganas de vivir”,
y un largo etcétera. La mente puede ser nuestra principal aliada, pero también
nuestra mayor rival.
Las personas suelen culpar y maldecir al entorno, a lo que ocurre a su alrededor, porque lo identifican como el causante de su malestar y sufrimiento. Pero ¿lo de fuera le genera malestar, o son sus interpretaciones sobre lo que ocurre a su alrededor lo que condiciona sus emociones?
Las personas suelen culpar y maldecir al entorno, a lo que ocurre a su alrededor, porque lo identifican como el causante de su malestar y sufrimiento. Pero ¿lo de fuera le genera malestar, o son sus interpretaciones sobre lo que ocurre a su alrededor lo que condiciona sus emociones?
Nuestros
pensamientos influyen en nuestros comportamientos y nuestras emociones.
Dependiendo de la corriente psicológica o el profesional al que lea o visite,
los tachará de pensamientos negativos, catastróficos, limitan-tes, destructivos
o inútiles. Qué más da el concepto. Lo que importa es el poder que tienen para influenciar nos, tanto positiva como negativamente.
Muchos pacientes dicen tener la cabeza como una lavadora. Ideas, miedos, discursos aterradores, pensamientos que no paran de dar vueltas en la mente. Se sienten atrapados entre palabras, incapaces de pararlas o desatenderlas. Hay personas que odian relacionarse consigo mismas porque lo que “su mente les dice” les causa una angustia tremenda.
Muchos pacientes dicen tener la cabeza como una lavadora. Ideas, miedos, discursos aterradores, pensamientos que no paran de dar vueltas en la mente. Se sienten atrapados entre palabras, incapaces de pararlas o desatenderlas. Hay personas que odian relacionarse consigo mismas porque lo que “su mente les dice” les causa una angustia tremenda.
Ahí van
dos buenas noticias. La primera: usted es en gran parte el responsable de lo
que siente. No es el entorno el que le genera ansiedad, sino la interpretación
que usted hace del entorno. Esto le responsabiliza y también le permite
controlar y actuar sobre lo que siente. Muchos querrían desligarse de todo y
seguir echando la culpa de su malestar a la sociedad y a lo mal que está todo.
Pero esta opción le limita y le deja sin recursos.
extraído de (EL PAÍS SEMANAL) edición nacional, miércoles 24 de noviembre del 2015


